¿Qué os parecería visitar una maravilla del mundo y ser los
primeros en entrar? Pues sí, eso es lo que hemos hecho nosotros. Allí estábamos
a las 8 menos unos minutos, cuando todavía las barreras para coches y artesanos
estaban bajadas y sólo unos cuantos trabajadores andaban por allí. Tras una
pequeña carrera de Paco al ver a dos turistas que se acercaban, hemos
conseguido ser los primeros visitantes del 15 de agosto de 2014. ¡El día
promete!
A la entrada nos para uno de los guías para ofrecernos sus
servicios pero le decimos que luego volveremos. Andamos el camino que lleva al
Castillo y… ¡Ahí está! No nos defrauda. Hacemos las primeras fotos y lo
rodeamos para verlo por las cuatro caras. Estamos encantados de poder estar
allí con apenas unas 4 personas más.
Después de unos 20 minutos, volvemos a la entrada para
buscar al guía y tomar un café. Ya comienza a llegar la gente… Nuestra visita vuelve
a comenzar en el Castillo o Pirámide de Kukulkán. Es un enorme calendario en
piedra con 18 terrazas que corresponden a los 18 meses mayas, cuatro escaleras
con 91 escalones que sumadas a la superior hacen los 365 días del año… Y en el
lado norte se encuentra la escalera en la que en los equinoccios de primavera y
otoño se ve serpentear a la serpiente. No vamos a alargarnos, pero resulta muy
interesante. No podemos subir a la pirámide, ya que está cerrada al público
desde hace bastantes años, puesto que debieron caerse algunos descerebrados.
Una pena porque en la parte de arriba se encuentra un jaguar rojo con ojos de
jade y colmillos de concha que debe ser precioso.
La siguiente parada es en el juego de pelota, que como muy
bien apreció Paco, parece el Santiago Bernabéu comparado con los que hemos
visto anteriormente. Además del tamaño, tiene algunas particularidades más como,
una serie de relieves mostrando decapitaciones de alguno de los jugadores, o un
eco entre las gradas de un lado y otro del campo. Menos mal que actualmente
cuando termina un partido no decapitan a nadie…
Tras un pequeño paseo viendo y comentando alguna
característica del resto de edificios, nuestra visita guiada termina en el
caracol (también llamado el observatorio), otro edificio característico de
Chichén Itzá. Desde aquí se decidía qué y cuándo realizar los diferentes
rituales, siembras y cosechas.
En este punto nos despedimos del guía y comenzamos a
explorar por libre algunos de los edificios que no hemos visto, los dos cenotes
de Chichén y por supuesto, realizamos alguna comprita. Cuando damos por
terminada la visita, la explanada del Castillo y el Juego de pelota están
llenos de grupos de turistas con paraguas de colores y todos los caminos llenos
de puestos de artesanías… Nada que ver con el vacío de por la mañana, el
silencio y el encanto.
Nos tomamos una cervecita para celebrarlo y conmemorar el
año anterior en la que Paco no se la pudo beber en Machu Picchu.
Aunque pretendíamos haber salido antes, ya son las 12:30,
así que la visita al cenote Ik Kil no va a ser tan tranquila. Toda la zona de
Yucatán y la de Quintana Roo, por la que continúa nuestro viaje, están llenas
de ellos. Pero hoy, nos estrenamos y con la sudada que llevamos tenemos unas
ganas tremendas de darnos un chapuzón. A la entrada lo vemos desde arriba y nos
parece impresionante. Nos cambiamos, dejamos las cosas en las taquillas y… ¡al
agua! La verdad es que es espectacular. Paco se atreve a tirarse desde un alto.
No hay peligro, la profundidad es de unos 50 metros. Nadamos entre los peces,
nos cansamos bastante,… pero merece la pena. El agua parece bastante más densa
de lo que estamos acostumbrados.
A la salida, tomamos el taxi para recoger nuestras mochilas
y de ahí un colectivo para terminar el día en Valladolid.
El día ha sido genial. ¡Ya sólo quedan dos maravillas!
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